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Sarah Orne Jewett

La tierra de los abetos puntiagudos

    Daiyaцитує8 місяців тому
    Nada tiene que envidiar al placer de la búsqueda del oro la satisfacción que uno experimenta al encontrar la riqueza escondida bajo un buen sembrado de patatas.
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    nos dirigimos mar adentro para doblar el alargado promontorio del cabo que nos había dado cobijo, y cuando miré atrás de nuevo, las islas y el mismo cabo ya eran uno y Dunnet Landing y todas sus costas habían quedado fuera de mi vista
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    pequeño pueblo, con los altos mástiles de sus goletas varadas en la bahía interior, destacó sobre la línea del mar durante algunos minutos y después se volvió a fundir en la uniformidad de la costa y ya no se podía distinguir del resto de aldeas que parecían desgranarse sobre el verde confuso de la pedregosa playa
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    Vi que era el viejo Elijah Tilley y pensé en todo el tiempo en que habíamos sido unos desconocidos hasta que nos convertimos en buenos amigos
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    Justo entonces, mientras contemplaba las praderas, a lo lejos llegué a ver a la señora Todd, caminando despacio por la vereda junto a la playa que llevaba hasta el puerto. A tanta distancia se pueden distinguir las grandes cualidades positivas que conforman un carácter. De cerca, la señora Todd parecía una persona capaz y cariñosa, aunque absorbida por el ajetreo de sus actividades, pero aquella figura en la distancia parecía única y atrayente, tenía algo especial que le daba un extraño aire de seguridad y misterio. De tanto en tanto se detenía para recoger algo, quizá su poleo favorito, y finalmente la perdí de vista mientras cruzaba lentamente un claro en una de las cimas más altas, para desaparecer enseguida detrás de un oscuro grupo de enebros y abetos puntiagudos
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    Al volver a entrar, la casita me pareció muy solitaria y mi habitación estaba tan vacía como el día que llegué. Todas mis pertenencias y yo misma habríamos desaparecido en unas horas y podía imaginar la cara de la señora Todd cuando regresara y descubriera que su inquilina se había ido. Así morimos ante nuestros propios ojos; así vemos algunos capítulos de nuestra vida llegar a su fin natural
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    No podía marcharme de esa manera, así que salí corriendo para decirle adiós, pero al escuchar mis pasos apresurados tras ella, sacudió la cabeza y me hizo un gesto con la mano, sin mirar atrás, y siguió caminando calle abajo
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    Ya me perdonará si no bajo hasta el embarcadero y me quedo hasta que se vaya —me dijo, en un nuevo intento de hacerse la dura—. Es que tengo que ir y preguntar por la señora de Edward Caplin; es su tercer ataque y si mi madre viene el domingo querrá saber cómo está
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    la tranquilidad de una vida sencilla es suficiente encanto para compensar lo que le pueda faltar, y las recompensas de la paz no pueden valorarlas quienes viven en el fragor de la batalla
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    Hubo un tiempo en el que ni siquiera sabía por dónde pasear, y ahora tenía tantas cosas interesantes que hacer como si estuviera en Londres. Me apremiaban mis múltiples compromisos y los días pasaban volando como un puñado de flores arrastradas por la brisa del mar
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    Me quedaban ya pocos días en Dunnet Landing y se me escurrían entre los dedos contra mi voluntad, igual que un avaro suelta a regañadientes sus monedas
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    El verano llegaba a su fin, la casa estaba fresca y se notaba la humedad por las mañanas y la luz parecía llegar filtrada por el verde de las hojas, pero nada más salir por la puerta, los rayos del sol posaban su cálida mano en mis hombros y el cielo alto y claro se despejaba en el momento en que fijaba mi mirada en él. En la costa no había neblina otoñal, ni tampoco la calima de agosto, y sin ellas el mar, el cielo, la larga línea de la costa y las colinas del interior, cada arbusto de la bahía y cada abeto puntiagudo cobraban un color más profundo y una mayor definición. Algo resplandecía en el aire, había una especie de lustre en el agua y en la hierba de los pastos que otorgaba al paisaje una apariencia norteña que, excepto en aquella época del año, había que ir a buscar muy lejos. El sol del verano del norte representaba ya su precioso último acto
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    Entonces solo le habrá hablado de su difunta esposa, y tampoco es una conversación muy alegre. Era discreta con los desconocidos, pero ninguno de sus viejos amigos podrá superar jamás su pérdida. Yo prefiero no volver por allí. A algunas personas se las echa de menos y a otras no, cuando ya no están, pero no hay ni un solo día de mi vida en el que no piense en la querida Sarah Tilley. Siempre sabías dónde encontrarla si la necesitabas. Sí, siempre estaba ahí, como una flor abierta. Lijah es un hombre muy noble y lo aprecio, pero a veces es un poco pesado
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    Era una mujer tan dulce que era imposible que nos enfadáramos. ¡Nunca fuimos de esos de «querida» y «cariño» delante de la gente, y «vete al diablo» cuando nos quedábamos solos
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    Yo no quería perderla y ella no quería irse, pero así tenía que ser. Hay cosas que no decidimos nosotros
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    Mi mujer era muy correcta con todo el mundo, pero para mí no había una persona más divertida. En las noches de invierno, cuando nos sentábamos aquí los dos solos, empezaba a imitar la forma de hablar de cualquiera y de veras que parecía que eran ellos los que hablaban. ¡Ya lo creo! ¡Ya lo creo
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    Siempre le decía que me pidiese cualquier cosa que quisiera, sin tener en cuenta el precio. Era una mujer muy sensata y allí era donde hacía todas sus compras, salvo cosas excepcionales. Sentí una especie de escalofrío cuando la oí hablar tan satisfecha
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    Nos habíamos acostumbrado tanto a decir que estaba todo el juego tal y como lo traje que, cuando se le rompió una taza, por alguna razón no pudo encontrar las palabras para decírmelo. No creo que pensara que me fuera a enfadar, era su propio orgullo lo que estaba herido. Jamás hubo ningún otro secreto entre nosotros
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    Solía reírme de ella, pobrecita —recordó Elijah, como si me leyera el pensamiento—. Solía quitarle importancia a sus temores. Siempre tenía miedo cuando salía a pescar con mal tiempo o cuando no podía regresar a tierra por el viento. Solía decir que las horas se le hacían eternas, y ahora lo entiendo
    Dianela Villicaña Denaцитує10 місяців тому
    El evidente tributo que suponía tanto primor en las labores domésticas y esas habitaciones limpias y ordenadas en las que una vez había vivido su esposa, y donde ahora vivía su recuerdo, me resultaba realmente conmovedor. En su corazón no había pensamientos para ninguna otra persona ni para nada que no fuera aquella casa. Yo misma empecé a imaginármela allí: una mujer delicada y menuda, que se apoyaba en la fuerza y el afecto de su marido, que siempre esperaba el regreso de su bote desde esa misma ventana e iba a recibirlo y a abrirle la puerta cuando volvía a casa
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