Cuando ya estamos por pasar bajo el pórtico me doy vuelta desesperada para ver si la mujer todavía sigue en su lugar y me encuentro con esos ojos salvajes, cargados de intención. Está absolutamente inmóvil, los últimos visitantes le pasan por al lado y siguen. Todos buscamos abandonar el cementerio, pero ella gira y empieza a caminar hacia las tumbas.