Comprendería que había hecho lo que podía, y que no tardaría en reunir otra fortuna, con su ingenio y su magnífico cerebro.
La verdad era que me dejaba muy deprimida. ¿Cómo podría yo jamás satisfacer las necesidades de un hombre como Chris? De alguna manera, me daba cuenta de que estaba decidido el nivel por el que yo juzgaría a todos mis futuros pretendientes.
—Oye, Chris, y esa mujer tan inteligente, encantadora, ingeniosa, estupenda, ¿no podría tener ni siquiera un pequeño defecto?
—¿Y por qué iba a tener defectos?
—Fíjate, por ejemplo, en nuestra madre, piensa que tiene todo eso, excepto, quizá, que no es muy inteligente.
—¡Mamá no es tonta! —la defendió con vehemencia—. ¡Lo que pasa es que ha crecido en un ambiente negativo! Cuando era pequeña, la reprimieron mucho, y la