Leería la Biblia, Platón, Spinoza, Kant, Dante, Rabelais, los estoicos; me perdería en las abstracciones sobrehumanas, me elevaría por encima de las heladas cumbres de la metafísica: aprendería griego, italiano. Me entregaría a desenfrenos de ciencia de los que saldría estupefacto y roto como Jacob de su lucha con Dios, pero igual que él saldría vencedor.