-Ahora bien, esto es lo que quiero sugerir -dije mirando a Carlos directamente a los ojos-. Tan pronto como sea posible, quiero que te lleves estas hojas que escribiste y que vayas a algún lugar para estar a solas con Dios. Quiero que leas cada nombre y cada ofensa delante de Él; lee todo en voz alta. Después dile a Dios: "Tú sabes que mi padre hizo esto y esto, y esto y lo otro. Y tú sabes que no
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estuvo bien que un padre le hiciera estas cosas a un niño, y tú sabes cuánto me hirieron estas cosas. Han estado dentro de mí todos estos años. Pero hoy quiero dejar a mi papá y todas estas faltas en tus manos. Tú eres un Dios justo y eres un Dios amoroso. Tú sabes todo acerca de mi padre. Yo no sé qué lo llevó a hacer estas cosas. Tú conoces sus motivaciones así como sus acciones. Y por eso quiero ponerlo en tus manos y dejar que te encargues de él.
"Haz lo que quieras, yo sé que será bueno y motivado por tu amor. Lo coloco en tus manos y dejo allí también todas estas faltas, y sé que si él las confiesa, lo vas a perdonar. Si no es así, tratarás directamente con él estas cuestiones, pero hoy mismo estoy renunciando a ellas y las estoy dejando en tus manos".