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Agustín Comotto

  • Miguel Camachoцитує7 місяців тому
    qué hacer? Soportar con paciencia
  • Miguel Camachoцитує7 місяців тому
    amanecido diecinueve mil días sobre nuestras cabezas

    trayéndonos sabiduría,

    y nosotros, que hemos dado ser a las sombras,

    vemos hoy a los seres como sombras desfigurarse.
  • Miguel Camachoцитує7 місяців тому
    do no nos preocupa mucho,

    pues lo que cuenta es ser fieles a nosotros mismos;
  • Miguel Camachoцитує7 місяців тому
    convencido de que no hay un hado que conduzca los libros a las manos apropiadas y que impida con seguridad que lleguen a unas que no lo son. Pero sí creo que hay un hado que pone en toda verdadera obra del espíritu un cierre invisible, que luego sabe abrir y cerrar con infalible tacto
  • Miguel Camachoцитує7 місяців тому
    A veces se hablaba seriamente de cosas sin importancia y a veces ligeramente de cosas serias
  • Dianela Villicaña Denaцитує2 роки тому
    El ejemplo del silogismo que había aprendido en la lógica de Kiezewetter: «Cayo es un hombre. Todos los hombres son mortales. Luego Cayo es mortal» le había parecido siempre correcto, pero solo con relación a Cayo, en ningún caso aplicado a sí mismo. Para el hombre Cayo, para el hombre en general, era algo totalmente correcto; pero él no era Cayo ni un hombre en general, él siempre había sido un ser especial, completamente distinto de los demás:
  • Dianela Villicaña Denaцитує2 роки тому
    Desde entonces Iván Ilich empezó a llamar alguna vez a Guerásim para que le sostuviera los pies, apoyándolos en los hombros, y se aficionó a charlar con él. Guerásim hacía lo que le ordenaba de buena gana, con agilidad, sencillez y una bondad que conmovía a Iván Ilich. La salud, el vigor y las ganas de vivir le ofendían en todos los demás, pero en el caso de Guerásim esas cualidades, lejos de entristecerle, le aquietaban.
  • Dianela Villicaña Denaцитує2 роки тому
    De esa manera transcurre una hora y luego otra. De pronto suena el timbre en la puerta de entrada. Si fuera el médico... En efecto, es él, fresco, sano, gordo, alegre, con esa expresión que parecía decir: «Bueno, se ha asustado usted, pero ya estoy yo aquí para arreglarlo todo». El médico sabe perfectamente que en este caso la mencionada expresión no tiene ningún sentido, pero está ya tan acostumbrado a ella que no se la puede quitar de la cara, como esos hombres que se ponen el frac por la mañana para ir de visita.
  • Dianela Villicaña Denaцитує2 роки тому
    Hasta las tres más o menos estuvo sumido en un estado de doloroso sopor. Tenía la impresión de que alguien quisiera meterlo sin contemplaciones en un saco estrecho, negro y profundo, que lo empujaban una y otra vez, pero no conseguían que pasara por el agujero. Y esa operación, tan terrible para él, le acarreaba un enorme sufrimiento.
  • Dianela Villicaña Denaцитує2 роки тому
    La vida, una serie de sufrimientos cada vez mayores, volaba más y más deprisa hacia su fin, hacia el sufrimiento más espantoso. «Estoy volando…» Se estremecía, se agitaba, trataba de oponerse, pero sabía que ninguna resistencia era posible, y otra vez, con ojos cansados ya de tanto mirar, aunque era incapaz de apartar la vista de lo que tenía delante, contemplaba el respaldo del sofá y esperaba esa caída
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