Tras enterarse por boca de Maria Vasílievna de la fechoría del joven Smokovnikov, Vvedenski no pudo por menos de sentir cierta satisfacción, viendo en ese caso una confirmación de sus propias teorías sobre la inmoralidad de las personas que se privan de la guía de la Iglesia, y decidió aprovechar la ocasión para demostrar —como trató de convencerse a sí mismo— los peligros que corren quienes se apartan de la Iglesia. No obstante, en el fondo de su alma solo quería vengarse de ese ateo orgulloso y altanero.