Una vez tuve once
Los años se me salieron de las manos
diez dedos no eran suficientes
para retener la vida
los demonios de la infancia
alargaron sus tentáculos de insomnio
la cicatriz de mi padre no era de bala
mi hermano jamás se curaría
ella no podría perdonarme
mi tío tenía otra mujer
dos hijos del silencio
del alcohol
de las ganas
Las palabras que importaban no se decían
que él mató a un hombre
los silencios eran timón
el amor se guardaba entre vejestorios
dentro de arcones con cartas
amasadas en basureros
estiércol vidrios rotos
Mi mejor amiga creyó
que su papá tuvo cáncer
me hicieron guardar silencio
su padre tenía sida
varios rostros fiestas de culos y pelucas
yo me reclinaba en su lecho
lo besaba en la mejilla
no quería contagiarme de sangre enferma
de su ejemplo de buen padre
con hijos y esposa fiel
y pensaba en esas fiestas
en sus hijas con listones lindos
Guardé su secreto veinte años
una promesa absurda
un peso enorme que no me cupo
aprendí que la traición a veces salva
y bajé la mirada cada día
tarde
noche
La muerte es el sonido de una flauta
que no conduce a ningún lado
Una vez tuve once
y supe que vivo suspendida
en una grieta de espacios sin tiempo