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Книжки
Marta Sanz

Clavícula

  • Karla Montalvoцитує2 місяці тому
    Me asombra el optimismo que transmito en los mensajes reales de mi vida. Tengo un lado claro que me preocupa.
  • Karla Montalvoцитує2 місяці тому
    las he ganado a pulso.
  • Karla Montalvoцитує2 місяці тому
    La posibilidad de que el dolor se apacigüe –o se agigante– si se cuenta. No saberlo explicar. Dudar de si lo que no se puede explicar de verdad existe. Experimentar la impotencia cuando se está en posesión de un gran capital de palabras que no te sirven para nada. Descender de golpe doscientos puestos en el escalafón
  • Karla Montalvoцитує2 місяці тому
    Reflexionaba sobre el umbral del dolor y, pese a huir de la moral judeocristiana, se mostró como un misógino y un firme partidario de la continencia y la resignación.
  • Karla Montalvoцитує3 місяці тому
    Con el paso del tiempo –ya va para cuatro meses– y las visitas a mis médicos de cabecera –tres– han ido cambiando las hipótesis de diagnóstico: cáncer de pulmón, EPOC, ansiedad, insuficiencia coronaria, estenosis de la válvula mitral, divertículos esofágicos, nerviosidad, nada, dentera, hongos. Las pruebas y los resultados se demoran porque nada es urgente. Pero yo soy incapaz de pensar en otra cosa. Busco y me empeño en encontrar los nombres. Nadie pronuncia la palabra menopausia. Es un tótem o un tabú.
  • Karla Montalvoцитує3 місяці тому
    Escribo de lo que me duele.
  • Karla Montalvoцитує3 місяці тому
    La nueva fragilidad de mis padres me cala los huesos. Se transforma en mi propia debilidad. Detesto la naturaleza y lo inexorable.
  • Karla Montalvoцитує3 місяці тому
    Como si pudiésemos parar cuando nos diera la gana. Hasta de eso tenemos la culpa. Tenemos la culpa de todo.
  • Karla Montalvoцитує3 місяці тому
    No hay presupuesto. Es jodidamente natural. Los calvarios de las hembras de la especie son jodidamente naturales.
  • Karla Montalvoцитує3 місяці тому
    de balonmano y la cara descascarillada. Sin embargo, lo peor es que la menopausia provoca un estado de la sensibilidad que te induce a creerte vulnerable y, consecuentemente, a serlo. Como si se tensaran todos los hilos de dentro de la caja torácica y una tirantez perenne te impidiera respirar. No se duerme bien, ni se defeca bien, ni los alimentos saben de la misma forma. No se huele igual y se camina con cierta prevención a las fracturas. Mi madre dice: «No me aguanto ni yo.» Por las noches, sufro calambres en los dedos de los pies que no se parecen en nada a los movimientos reflejos, a la tensión, del orgasmo en ese otro pie, más joven, que antiguamente se estiraba y se encogía y cambiaba de número y rompía el cristal del zapatito por efecto del placer. Ahora soy una taza de loza de cintura para abajo. Me abrillanto con lejía. No quiero que me toquen. No me masturbo.
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