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Meruane Lina,Olympe de Gouges

Olympe de Gouges

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    b2220376833цитує5 місяців тому
    Comparando la especie humana con todo el resto de la fauna y la flora hasta entonces estudiada por los sesudos enciclopedistas de la Ilustración, asegura que solo el hombre ha cometido el error de distinguir entre machos y hembras
    Luli Serrano Eguiluzцитує10 місяців тому
    Mujer, despierta: el toque de alarma de la razón se escucha en todo el universo; reconoce tus derechos. El poderoso imperio de la naturaleza ya no está cercado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la estupidez y la usurpación. El hombre esclavo ha multiplicado sus fuerzas y ha debido recurrir a las tuyas para romper sus cadenas. Al volverse libre, se volvió injusto con su compañera. ¡Oh, mujeres! ¿Mujeres, cuándo dejarán de estar ciegas? ¿Qué beneficios han obtenido con la Revolución? Un desprecio más evidente, un desdeño más visible
    Luli Serrano Eguiluzцитуєторік
    Su aspiración no era la trascendencia literaria de la «obra maestra» (verdadero fetiche del genio ilustrado), sino el impacto de su intervención política: que se escucharan sus reclamos de ciudadana, que sus propuestas resonaran, que fueran efectivas en el plano de la ética.
    Luli Serrano Eguiluzцитуєторік
    La incorrección como modo auténticamente revolucionario de operar
    Luli Serrano Eguiluzцитуєторік
    En esa calculada performance de género, de Gouges se apropia de su supuesta deficiencia para reivindicarla y a continuación, aún más subversiva, decide no corregirse, asume la incorrección de su francés y hasta de su figura.
    Luli Serrano Eguiluzцитуєторік
    Por esos años (todavía por estos), las mujeres cargaban con el prejuicio de que no servían para escribir y que nunca llegarían a ser escritoras a menos que un hombre escribiera por ellas. (Es respondiendo a esta idea sobre el campo letrado que de Gouges declara haberse hecho hombre «para poder decirlo todo»). Porque una mujer por su naturaleza carente o por su reducida cultura o por cualquier otra conveniente imputación, no podía alcanzar el mínimo estético requerido por la gran literatura
    Luli Serrano Eguiluzцитуєторік
    pretendí excusar las faltas que acompañan casi siempre un primer intento», agrega en el mismo prefacio. «Ni siquiera prometo corregirme por completo, y de seguro no se exigirá de mi parte obras maestras».
    Rosana Avellanaцитуєторік
    Mi objetivo, señora, es hablarle con franqueza». Sin demora, le sugiere que en ese momento tan adverso para la realeza le convendría asociarse con sus súbditas, pactar con ellas, patrocinar su causa; por ser reina, ella «es la única apropiada para respaldar el fomento de los derechos de la mujer y así acelerar su éxito». Y agrega, parcialmente parafraseando una célebre frase de su admirado contemporáneo, el conde de Mirabeau: «Esta Revolución solo podrá realizarse cuando todas las mujeres estén conscientes de su deplorable suerte, y de los derechos que perdieron en la sociedad. Apoye, señora, una causa tan bella; defienda a este sexo afligido, y pronto ganará los favores de la mitad del reino, y al menos el tercio de la otra»
    Rosana Avellanaцитуєторік
    le dedique ese escrito a la —por entonces todavía— reina María Antonieta,
    Rosana Avellanaцитуєторік
    a voluntad de esta autora fue incidir en el cambio social que prometía con tanta palabra altisonante la revolución. De Gouges exige que esas palabras se concreten en hechos, pero esas palabras se hacen humo y ella usa las propias para interpelar a una infinidad de interlocutores. Así, en la ya mentada carta de derechos femeninos no solo las emprende contra sus pares revolucionarios. Va a arremeter de igual modo hacia sus contemporáneas, reclamando su complicid
    Rosana Avellanaцитуєторік
    Esos hombres más ocupados de mantener sus privilegios que de compartirlos.
    Rosana Avellanaцитуєторік
    De Gouges, la ciudadana feminista, exige igualdad y anuncia que sin la emancipación de las mujeres (emancipación es aquí mi vocablo), no podrá haber verdadera transformación social.
    Rosana Avellanaцитуєторік
    feminismo avant la lettre, y defiendo este punto, este concepto, porque aunque el feminismo no existiera aún como palabra ni se hubiera constituido como ideología
    Rosana Avellanaцитуєторік
    la escritora angloirlandesa Mary Wollstonecraft lanzaba argumentos del mismo talante (y otros sobre el ardor sexual de las mujeres, en igualdad con el del hombre): en 1792 aparecería su Vindicación de los derechos de la mujer.
    Rosana Avellanaцитуєторік
    Judith Sargent Murray, había propuesto que se expandieran los principios ilustrados de igualdad y de fraternidad en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, dictada trece años antes que la Declaración de los revolucionarios franceses. Sargent —primera mujer en publicar un libro en su país— demoró tres años en escribir y catorce en publicar su ensayo Sobre la igualdad de los sexos, en el que exponía sus ideas y apelaba que los congresistas le explicaran dónde residía la supuesta deficiencia mental de las mujeres, de dónde obtenían pruebas para declarar que ellas no eran sus iguales.
    Rosana Avellanaцитуєторік
    acceso igualitario a la ley y al trabajo, y la obligación de pagar impuestos por la obtención de un salario. Añadirá la eliminación de las restricciones sobre la propiedad y la herencia. Por último, creará cláusulas sobre cuestiones que les tocaba —y todavía nos toca— a las mujeres en el espacio privado: el reconocimiento nominal y económico de los hijos fuera del matrimonio.5
    Rosana Avellanaцитуєторік
    Declaración de derechos de la mujer y la ciudadana, y proseguirá con los pronombres, los artículos, los sustantivos e incluso la terminación de los verbos que indicaban siempre hombre —toda una lección de lenguaje inclusivo
    Rosana Avellanaцитуєторік
    la soberanía como un poder que emana «de un cuerpo social heterogéneo» y no de la imaginada homogeneidad de la nación
    Rosana Avellanaцитуєторік
    Sus derechos debían ser tan «naturales, inalienables y sagrados» como los de ellos. Debían ser iguales en todo. Ellas y todos los demás, y en particular los esclavos
    Rosana Avellanaцитуєторік
    Esos derechos supuestamente universales no se otorgarían de la misma manera a todos los hombres, no a los sin fortuna, propiedades, educación. No a esclavos, mulatos y negros libres en el continente ni en las colonias. No a ninguna mujer.
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