En tanto tiempo entre mundillos intelectuales, no he conocido muchos famosos o famosas que escuchen otra voz que la suya. Será que yo no digo nada interesante, que es muy probable. O será que estas luminarias, como los pollos en engorda, están muy hechas a comer, cagar y comer su propia digestión. A mí, qué le voy hacer, me gusta el pollo, escucho y algo aprendo. Las luminarias son muy acomedidas, me terminan la primera oración que intento armar y de ahí en adelante el monólogo. Acaso escucharán a quien detectan de más fama que ellos y ellas; pero si famosos o famosillos, son como pollos de este jaez: engordados con el pienso de sus regurgitaciones.