El tiempo y el dinero son lo mejor que hay, Charlie, pero si no se anda con cuidado pueden reforzar tu extrañeza, tu desenfreno y tu codicia. El dinero puede llegar a romper ese cordón umbilical que te une a la realidad. Ahí estás tú, por ejemplo, observando el mundo desde lo alto, convencido de que todo lo comprendes, de que eres igual que todo el mundo, cuando en realidad no tienes ni la más puñetera idea, ninguna en absoluto. Pues sí, porque los problemas de dinero y de trabajo ocupan el centro de las vidas del común de los mortales.