Por eso, Franco Berardi insiste en que aunque «cubre y encierra, la piel también abre el cuerpo al mundo, trayendo a la mente mensajes de nuestro entorno inmediato», pues «el mundo solo se vuelve parte de nuestra experiencia cuando nuestra piel entra en contacto con el cuerpo de otro (sea humano o no humano), y el calor puede fluir de un organismo a otro»25.