El dragón pensaba, hablaba. No me preguntes por qué, pues no sabría decírtelo, pero lo amé desde que lo vi. Al encontrar el colmillo sentí que se abría una puerta que ahora se cierra. Era un cometa viviente, una llama que respiraba. Ahora hay menos magia en nuestra vida. El mundo es un lugar más triste sin él.
—Hija, ¿qué locuras dices? El dragón era malo.
—También los hombres son malos, madre. Y él no era solamente malo. Era una estrella viva. Todos en el mundo somos más pobres sin él —respondió la muchacha. Cerró los ojos y volvió el rostro a la pared.